Padre e hijo fueron ejecutados en plena noche por un comando armado que irrumpió violentamente en su hogar. Los gritos retumbaban: “¡Por traidores!”, vociferaban los asesinos antes de huir dejando el horror atrás.
Pero lo más escalofriante fue lo que vino después: durante dos días completos, los cuerpos de Gamaliel y Josué Díaz permanecieron en el sitio del crimen, sin ser recogidos por ninguna autoridad.
¿La razón? El río crecido, los caminos destruidos… y la Fiscalía, sin helicóptero ni equipos especializados.
Fue hasta hoy que, tras esfuerzos de peritos, policías, el Ejército y autoridades locales, se logró llegar al lugar. El lodo, la lluvia y el olvido se llevaron dos vidas… y casi el derecho a la justicia.
