El viernes 25 de julio, un estudiante de la UPT en Hidalgo golpeó brutalmente a su profesor frente a sus compañeros. Lo derribó con puñetazos, lo pateó mientras estaba en el suelo… y luego lo escupió.
El hecho quedó registrado en video. Circula con fuerza en redes, mostrando no solo la agresión sino el desgaste emocional que atraviesan ambos.
¿Qué está fallando en el aula para que el respeto se rompa así?
El estudiante afirmó sentirse humillado por el docente. Otros alumnos mencionan presuntos antecedentes de burlas y acoso por parte del profesor, sin confirmación oficial.
La universidad reaccionó separando temporalmente al docente y abrió una investigación.
La SEP también inició indagatorias y el sindicato exigió sanciones.
Hoy, más que buscar culpables, se exige una revisión profunda de las dinámicas en el aula, el trato a los estudiantes y la atención emocional.
Este no es solo un caso aislado. Es un síntoma.
De la ira sin canalizar.
Del autoritarismo sin escucha.
De generaciones que enseñan sin entender.
Y de estudiantes que gritan desde el cuerpo lo que no pueden decir con palabras.
La educación debe formar, no fracturar. Y lo que se rompe en el aula, tarda demasiado en sanar.
